No tengo ganas de hacer nada… que tristeza con la que estoy cargando cada que me despierto, mis ánimos cada día disminuyen, que presión, que impresión, que impotencia!!!
Ella estando postrada en una cama, con tan pocas posibilidades, sin poder hablar, mirándome con lágrimas en sus ojos.
Había entrado en aquel hospital demasiado consiente, sabiendo que encontraría una de las cosas más dolorosas y tristes de la vida, pero hoy me miró, me miró fijamente, con unos ojos pequeñitos, rojos, llenos de sufrimiento, yo sentí la cosa más fea que jamás había sentido, en menos de un segundo todo de mi se quebró, me decía a mi misma: lo no hagas, no lo hagas… no lloré.
Luchando sin luchar: -No me quieren, ustedes no me quieren, porque no me dejan morir- Que difícil es la muerte, tan realmente misteriosa, donde cualquiera lo sabe, lo platica, opina, pero cuando hay que sentirla es realmente horrorosa y temible… jamás volver a verla… jamás volver hablarle… jamás volver a saber nada de ella.
El tiempo de la cuna y la tumba es tan corta, que me pongo a pensar: ¿Que carajos eh hecho en 22 años? ¿Qué estoy esperando para poder salir de mis infiernos? ¿A que tanto le sufro? ¿Por qué detenerme? ¿Por qué no decir lo que siento? ¿Por qué carajos sigo con los mismos problemas desde hace 4 años? Es que nos complicamos tanto la vida, que perdemos oportunidades verdaderamente importantes, nos pasan tantas cosas que al tiempo se nos olvida que llegamos a preguntarnos todo esto y volvemos a lo mismo una y otra vez…
Ya no más, no volveré a repetir “hubiera”, aunque me desgaste en mi exigencia, no quiero volver a decirla…
Tal vez hubiera llamado más seguido, tal vez le hubiera dicho “te quiero” cuando podía contestarme, tal vez hubiera ido a escucharla, tal vez le hubiera dado el mejor regalo, tal vez la hubiera abrazado con más fuerza, tal vez la hubiera QUERIDO MÁS.
Lo haré, yo podré escucharla, darle el mejor regalo, abrazarla más fuerte y quererla más cuando le diga:
¡Te amo! Y me conteste: yo también.







